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Soy maestra de educación infantil y formada en coaching educativo en inteligencia emocional. Ayudo a familias y profesores en el ámbito educativo.
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En el aula, cada niño es un universo, y sus emociones son los colores con los que se pinta su mundo interior. Esta actividad de mandalas nos invita a mirar más allá de las sonrisas y silencios, dando la oportunidad a cada alumno de expresar lo que siente, aunque a veces no tengan palabras para hacerlo.
El mandala emocional es mucho más que una pintura: es una puerta abierta a la empatía y al acompañamiento genuino. Al permitir que cada niño elija colores según sus emociones, les enseñamos que sentirse triste, alegre, enfadado o tranquilo es parte de la vida y que todas sus emociones merecen ser reconocidas y respetadas. Pintar el mandala juntos crea un espacio donde cada corazón tiene valor y cada sentimiento puede ser compartido sin miedo.
Como maestros, detectar cómo están nuestros alumnos nos ayuda a comprenderles mejor, anticipar sus necesidades y darles el soporte adecuado. Esta actividad ayuda a fortalecer la confianza y el vínculo, nos recuerda que educar no solo es enseñar contenidos sino cuidar y acompañar procesos emocionales profundos. Al mirar cada mandala terminado, veremos el reflejo sincero de la vivencia emocional del grupo y de cada niño, y podremos abrir camino a conversaciones, apoyo y estrategias para trabajar el bienestar desde el corazón.
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