
Verdad que muchas veces como padre o madre te frustras ante las batallas diarias que surgen al intentar estimular la colaboración en tu hijo, que se comporte de un modo aceptable para ti y para los demás?. ¿Te cuesta encontrar las tácticas adecuadas? ¿Pienas que educar a tu peque no es muy difícil?.
¡Batallas, si !…por el orden, por las rutinas diarias de aseo, etc…
Como padre y madre lo que deseas simplemente, es que adquieran unas normas básicas de convivencia y respeto y, ¡muy importante! Lo que quieres es que tu peque o no tan peque…llegue a ser autónom@.
Estoy segura de que, en muchas ocasiones o incluso, a diario, estás literalmente detrás de él o ella para que se lave los dientes, para que coma, para que se vista, que recoja su habitación, sus juguetes, que se ponga a hacer los deberes y un largo etcétera… ¿Verdad?
Y, es precisamente, en estas situaciones frustrantes e insufribles, cuando, sin darte cuenta, inconscientemente, utilizas ciertos métodos y cierto lenguaje para propiciar el comportamiento adecuado y la colaboración en tu hij@ que anhelas…
¿A qué me refiero? Pues a que inconscientemente (porque estás hasta el gorro de las mismas situaciones día tras día), utilizas un lenguaje negativo, es decir: reproches, acusaciones, insultos, amenazas, órdenes, sermones moralizantes, advertencias, sarcasmos, comparaciones, profecías, victimismo…
Esto no es adaptativo ni bueno para tu hij@. Pero, como te he dicho hace un momento, lo haces sin darte cuenta, inconscientemente (sé que quieres lo mejor para tu peque, pero es que ya no puedes más…y te comprendo…).
Por eso quiero que seas consciente y reflexiones acerca de ello: esto va a acarrear consecuencias en la autoestima de tu peque y en la creación de sentimientos negativos en él o ella.
Para que entiendas mejor a que me refiero cuando digo métodos y lenguaje negativo, te pongo unos ejemplos muy típicos en todos los hogares:
«¡He vuelto a encontrar la toalla mojada tirada encima de la cama! ¿Por qué tienes que hacerlo siempre? ¿Cuántas veces tendré que decirte que la dejes en el toallero? Tu problema es que no escuchas».
«Pero, ¿otra vez la toalla mojada encima de la cama? ¿Estás tonto o qué?».
«Vuelve a comer con las manos y te daré un bofetón».
«Quiero que recojas los juguetes ahora mismo», «¡Recoge esos juguetes ya!».
«¿Te parece bonito lo que has hecho, quitarme de las manos la revista? Veo que no te das cuenta de lo importante que es tener buenos modales. Si quieres que los demás sean educados contigo, tú tendrás que hacer lo mismo. ¿Te gustaría estar jugando con un juguete y que te lo arrebataran de las manos? no, ¿verdad? Pues haz tú lo mismo. No hagas a otros lo que no quieras para ti».
«¡No te subas ahí! ¿Es que quieres caerte?».
Seguro que todos estos ejemplos te suenan… ya sea porque los dices tú (o has dicho en alguna ocasión) o porque los ha oído decir a algunos progenitores o familiares.
Todos son ejemplos de situaciones cotidianas que se repiten con frecuencia y que no caes en la cuenta de que pueden llegar a generar una baja autoestima y sentimientos negativos, tales como:
¿Quieres llegar a conseguir (sin llegar a desesperarte diariamente) que tu hijo o hija colabore sin dañar su autoestima, ni crear sentimientos negativos en él o ella?
Evidentemente no hay dos niñ@s iguales, no funcionará con todas las personalidades, ni darán la misma respuesta, pero en general y con el tiempo, funciona bastante bien.
He de decirte, que quizá no lo consigas a la primera, pero lo que sí te servirá, es de impulso para crear un clima agradable, positivo y de respeto en el hogar, además de favorecer el espíritu participativo en él o ella.
Te aconsejo que, debes tener en cuenta que, no conseguir la colaboración de forma inmediata con estas tácticas no significa que debas tirar la toalla y volver a los viejos métodos…
Debes insistir, ya que, finalmente, obtendrás recompensas: no sólo conseguirás no acabar frustrada/o en el día a día, sino que, fomentarás un ambiente positivo y de respeto en el hogar. Estarás siendo auténtic@ con tus sentimientos y estarás también expresándolos.
Yo, personalmente, me sorprendí cuando empecé a utilizarlas con mi hijo. He de decirte, que no fue fácil, ya que hay momentos en los que, como ser humano, también hago un stop , respiro y freno esa frase espontánea y negativa que va a salir de mi boca (bueno…confieso que ya no me salen prácticamente y, todas tampoco me salían), pero merece la pena.
¡Me ahorró frustraciones, tiempo y sofocones diarios!
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