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A través de la metáfora de una mochila emocional, el alumnado identifica las emociones que siente en ese momento y las coloca simbólicamente dentro de ella. Después, pone palabras a cómo se siente y reflexiona sobrequé necesita para que su mochila pese un poco menos.
La actividad favorece el autoconocimiento, la expresión emocional y la empatía, ayudando a comprender que todas las emociones tienen un lugar y que aprender a reconocerlas es el primer paso para poder gestionarlas.
Una propuesta sencilla y cercana para descubrir que, aunque no siempre podamos elegir lo que llevamos dentro, sí podemos aprender a cuidarlo.
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