En la enseñanza de Historia, desarrollamos múltiples competencias y objetivos de aprendizaje para nuestro alumnado. Una de las metas que perseguimos es que los estudiantes comprendan el curso de los hechos históricos y logren reflexionar críticamente sobre ellos. Como profesoras y profesores, buscamos inspirar el pensamiento lógico y fomentar el análisis crítico de las fuentes de información. Por ejemplo, en la Prehistoria, los estudiantes aprenden sobre la evolución de las primeras sociedades humanas, un conocimiento vital para entender nuestras raíces . En la unidad de Egipto y Mesopotamia, se practican habilidades analíticas al evaluar las políticas de civilizaciones antiguas y su impacto histórico. en La civilización griega, se fomenta la apreciación de los avances culturales, como la democracia, que aún resuenan en nuestros tiempos modernos. Mientras que en la Península Ibérica prerromana y el Imperio Romano, se impulsa la comprensión del colonialismo y el desarrollo de sistemas legales. Por otro lado, al estudiar el Origen y expansión del Islam, practicamos tolerancia e interculturalidad, aprendiendo a valorar contribuciones de diferentes culturas. Y para no quedarnos solo en el mundo antiguo, al adentrarnos en el feudalismo en Europa, orientamos a nuestros estudiantes a entender las raíces socioeconómicas de las sociedades actuales. A lo largo del curso, los estudiantes irán consolidando sus competencias de análisis, reflexión y pensamiento crítico, lo que les va a permitir entender el presente desde un prisma más amplio y consciente. ¡Vamos profes, saquemos lo mejor de nuestros estudiantes con la Historia!