Mochilas preparadas, aulas listas, materiales organizados y probablemente una mezcla de nervios e ilusión tanto para los peques como para nosotros.
Cuando pensamos en el primer día de clase, es fácil caer en la necesidad de tener cada minuto preparado: dinámicas, fichas, juegos, presentaciones…
Pero quizá lo más importante del primer día no esté en nuestra planificación.
Estas son 7 cosas que realmente importan cuando nuestros alumnos cruzan la puerta del aula.
Antes de empezar con contenidos, actividades o explicaciones, recíbelos.
Un saludo, una sonrisa, indicarles dónde pueden sentarse o simplemente decirles que te alegras de verlos puede marcar la diferencia.
El primer objetivo del curso no tiene por qué ser académico. Puede ser algo mucho más sencillo: que quieran volver mañana.
Su nombre es una de las primeras formas de decirles: «Te veo. Sé que estás aquí».
Puedes utilizar etiquetas durante los primeros días, hacer algún juego sencillo de presentación o proponerte aprender unos cuantos nombres en cada momento de la mañana.
No pasa nada si el primer día todavía confundes alguno. Lo importante es intentarlo.
Nosotros sabemos qué va a ocurrir durante la mañana. Ellos, muchas veces, no.
Explícales dónde están los materiales, cuándo será el recreo, qué harán durante el día, dónde pueden dejar sus cosas o qué deben hacer si necesitan ayuda.
Las pequeñas rutinas proporcionan seguridad y autonomía, especialmente durante los primeros días.
En lugar de empezar el curso leyendo una lista interminable de prohibiciones, podemos dedicar un rato a pensar:
¿Qué necesitamos para estar bien juntos en esta clase?
A partir de sus respuestas podemos construir unas pocas normas, claras, comprensibles y formuladas en positivo.
Así dejan de ser simplemente las normas del profe y empiezan a convertirse en nuestros acuerdos de aula.
El primer día proporciona muchísima información.
¿Quién se acerca rápidamente a los demás? ¿Quién permanece más apartado? ¿Quién pide ayuda? ¿Quién ayuda sin que nadie se lo pida? ¿Quién necesita más tiempo? ¿Quién termina enseguida?
No necesitamos sacar conclusiones todavía.
Solo observar.
Porque conocer al grupo será lo que nos permita empezar a tomar buenas decisiones después.
No necesitamos llenar la primera mañana de fichas para sentir que hemos aprovechado el tiempo.
Una dinámica para conocerse, una actividad cooperativa, un pequeño reto o una conversación sobre lo que esperan del curso puede enseñarnos muchísimo más.
La pregunta no debería ser únicamente «¿Qué actividad hago?», sino también:
«¿Para qué quiero hacerla?»
Has preparado el primer día. Y probablemente no saldrá exactamente como lo habías imaginado.
Quizá una actividad dure más. Otra no funcione. Aparezca una conversación que merezca la pena continuar. O descubras que tu grupo necesita algo diferente.
Y está bien.
La planificación también puede cambiar cuando empezamos a conocer a las personas para las que hemos planificado.
El primer día no tiene que ser perfecto.
No necesitamos terminar todas las actividades ni conseguir que todas las rutinas funcionen desde el minuto uno.
Necesitamos empezar a construir un lugar en el que nuestros alumnos puedan sentirse seguros, escuchados y con ganas de aprender.
Porque quizá dentro de unos meses no recuerden qué actividad hicieron el primer día.
Pero sí pueden recordar cómo se sintieron al entrar en tu aula. 🤍
Feliz comienzo de curso, profes. 🍎✨
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