Cada septiembre ocurre lo mismo. Entramos en clase con una lista de nombres, una programación más o menos preparada y muchas preguntas: ¿Qué recuerdan del curso anterior?, ¿Quién se atreve a hablar en inglés?, ¿Qué alumno necesita más apoyo?, ¿Cómo se relacionan entre ellos?
La forma más rápida de averiguarlo parece ser una prueba inicial. Una hoja con vocabulario, gramática, algún pequeño texto y una nota al final. Sin embargo, después de más de doce años dando clase, he comprobado que durante los primeros días se obtiene mucha más información observando cómo trabajan los alumnos que corrigiendo un examen.
Además, no podemos olvidar que acaban de volver de vacaciones. Algunos llegan con ganas de reencontrarse con sus compañeros; otros necesitan unos días para recuperar el ritmo. Si su primer contacto con el inglés consiste en una prueba, es fácil que lo vivan como una obligación antes incluso de haber empezado el curso.
Por eso prefiero plantear estas primeras sesiones como una toma de contacto. No se trata de renunciar a la evaluación inicial, sino de integrarla en actividades que les permitan hablar, escribir, recordar vocabulario y, al mismo tiempo, sentirse cómodos en clase.
Hablar sobre uno mismo es una forma sencilla de romper el hielo. Una ficha tipo pasaporte, con información como el nombre, la edad, el mes del cumpleaños o el color favorito, permite comprobar si entienden preguntas básicas y si son capaces de escribir respuestas breves.
También se puede incluir un espacio para que dibujen su cara o escriban algunas cosas que les gustan. Mientras completan la actividad, el profesor puede observar quién comprende las instrucciones con facilidad, quién necesita apoyo y qué vocabulario manejan de manera autónoma.
No hace falta pedirles la típica redacción sobre sus vacaciones. Para muchos alumnos resulta difícil enfrentarse a una hoja en blanco durante el primer día.
Una alternativa es utilizar una maleta de verano en la que escriban o dibujen un lugar que visitaron, algo que comieron, una persona a la que vieron o una actividad que realizaron. Así todos pueden participar, incluso quienes no viajaron durante las vacaciones.
Después, pueden compartir una o dos respuestas con un compañero. Esta pequeña conversación ya nos da pistas sobre su pronunciación, comprensión y confianza al hablar.
Una actividad de Find Someone Who… suele funcionar muy bien para poner la clase en movimiento. Los alumnos deben buscar compañeros que hayan leído un libro, visitado otra localidad, probado una comida nueva o jugado a un videojuego durante el verano.
Mientras hacen preguntas, practican estructuras sencillas sin sentir que están realizando un ejercicio gramatical. También es una buena oportunidad para observar quién toma la iniciativa, quién comprende las respuestas y quién necesita un modelo antes de empezar.
Conviene recordarles que el objetivo no es terminar los primeros, sino hablar con distintas personas. De lo contrario, siempre aparece alguien recorriendo la clase a toda velocidad y preguntando sin escuchar la respuesta. Cosas del directo.
Los primeros días también son un buen momento para revisar expresiones que utilizarán durante todo el curso: pedir ayuda, solicitar permiso, decir que no han entendido algo o preguntar cómo se dice una palabra en inglés.
Podemos presentarlas mediante una actividad de relación o con pequeñas situaciones para representar por parejas. De esta manera, el Classroom English deja de ser una lista para memorizar y se convierte en una herramienta que podrán utilizar desde ese mismo día.
Durante estas actividades, no es necesario corregir cada error. Si interrumpimos constantemente, algunos alumnos dejarán de participar por miedo a equivocarse.
Es más útil tomar pequeñas notas: vocabulario que recuerdan, estructuras que utilizan, dificultades frecuentes, actitud ante las tareas o grado de autonomía. Esa información nos ayudará a decidir qué contenidos necesitan repaso y cómo organizar las siguientes clases.
Para terminar, podemos utilizar un juego de mesa con retos breves: nombrar objetos escolares, deletrear una palabra, responder una pregunta personal o representar una rutina. Ellos lo perciben como un juego final; nosotros seguimos recogiendo información.
Al final, una evaluación inicial no tiene por qué parecer un examen. Puede ser una conversación, una ficha, una maleta llena de recuerdos o una carrera hasta el colegio. Lo importante es que nos permita conocer el punto de partida del grupo sin olvidar que, antes de evaluar a nuestros alumnos, necesitamos conseguir que se sientan parte de la clase.
Estas ideas son las que he reunido en Back to School Adventure, el primer material de Fun English Path. Un pequeño recorrido para empezar el curso hablando, jugando y recuperando el inglés poco a poco.
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