La Historia como disciplina científica se consolida entre los siglos XIX y XX, y lo hace a través de grandes corrientes historiográficas que transformaron profundamente la forma de estudiar el pasado.
🔹 El positivismo histórico (siglo XIX) marcó el inicio de la Historia “científica”. Defendía el análisis riguroso de las fuentes escritas, la objetividad del historiador y la reconstrucción factual de los acontecimientos. Leopold von Ranke sintetizó esta visión con su célebre idea de contar la historia “tal como realmente ocurrió”. Fue una historia política, centrada en el Estado, las élites y los grandes personajes.
🔹 El materialismo histórico, impulsado por Karl Marx, introdujo una ruptura fundamental: el motor de la Historia ya no eran los individuos, sino las estructuras económicas y las relaciones de producción. La lucha de clases se convirtió en clave explicativa del cambio histórico, influyendo de manera decisiva en la historia social y económica del siglo XX.
🔹 La Escuela de los Annales (siglo XX) supuso una auténtica revolución historiográfica. Autores como Marc Bloch, Lucien Febvre o Fernand Braudel ampliaron el objeto de estudio hacia la larga duración, las mentalidades colectivas, la geografía, la demografía o la vida cotidiana. La Historia pasó a dialogar con otras ciencias sociales y a interesarse por las personas anónimas.
🔹 A partir de la segunda mitad del siglo XX surgieron nuevas perspectivas: historia social, historia cultural, microhistoria, historia de género o historia global, que cuestionaron los grandes relatos únicos y apostaron por miradas más plurales, críticas e inclusivas.
👉 Estas corrientes no se sustituyen unas a otras, sino que conviven y dialogan, enriqueciendo nuestra comprensión del pasado y ayudándonos a interpretar mejor el presente.
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