Cuando hablamos de salud mental en la infancia, solemos pensar en trastornos como el TDAH, la dislexia o los trastornos del espectro autista. Sin embargo, existen realidades menos visibles que también necesitan atención, comprensión y, sobre todo, una respuesta educativa inclusiva y respetuosa. Una de ellas es el Trastorno de Identidad Disociativo (TID).
💡 ¿Qué es el Trastorno de Identidad Disociativo?
El TID es una condición psicológica compleja, generalmente originada como respuesta a experiencias traumáticas graves y repetidas durante la infancia, como abusos, negligencias o violencia. Para protegerse del dolor y la amenaza, la mente del niño desarrolla una estrategia extrema: dividir su identidad en diferentes partes o “identidades” que se reparten los recuerdos, las emociones y las vivencias.
Estas identidades, a menudo llamadas “alter” o partes, pueden tener diferentes edades, voces, intereses e incluso formas de ver el mundo. No se trata de juegos ni de fingir: es un mecanismo inconsciente de defensa, profundamente real para quien lo vive.
👀 ¿Cómo se manifiesta en la infancia?
En niñas y niños, el TID puede pasar desapercibido o confundirse con otros diagnósticos. Algunos signos pueden ser:
Cambios bruscos de comportamiento o de habilidades (de repente saben o no saben hacer algo).
Lagunas de memoria (“No me acuerdo de haber hecho eso”).
Dificultades para mantener una identidad estable (nombre, gustos, emociones).
Aparición de “amigos imaginarios” que parecen muy reales o dominantes.
Momentos en los que parecen ser “otra persona”.
🏫 ¿Por qué es relevante en la escuela?
Porque el aula puede ser un lugar clave para detectar, contener y acompañar. Aunque los profesionales de la educación no somos psicólogos clínicos, sí somos figuras de referencia y pasamos muchas horas con los alumnos. La manera en que reaccionamos puede marcar la diferencia entre revivir el trauma o empezar a sanar.
Además, los niños con TID no necesitan actividades “especiales”, sino entornos seguros donde puedan ser sin miedo a ser juzgados, ridiculizados o forzados a actuar como “uno solo” cuando no pueden.
🧩 ¿Qué podemos hacer como docentes?
Evitar exponer o presionar: Si un niño responde de forma contradictoria o parece no recordar algo, no lo interpretemos como desobediencia.
Fomentar rutinas estables y predecibles, que aporten seguridad.
Crear espacios para la expresión libre, ya sea a través del arte, el juego simbólico o la escritura.
Trabajar la empatía y la diversidad emocional con todo el grupo.
Estar abiertos a colaborar con profesionales de salud mental y mantener una actitud de escucha activa hacia la familia.
💬 Una realidad poco conocida, pero muy presente
El TID es poco visibilizado, en parte por el estigma, en parte por el desconocimiento. A menudo se asocia erróneamente con películas que lo caricaturizan. Pero detrás de este trastorno hay personas reales, muchas veces menores, que merecen comprensión y acompañamiento.
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